Amasada en jazmines y azahar, Anita, era la esencia del latido, y en sus ojos, balcones del olvido, se perdían la luna, el sol y el mar. . Una noche, “en Kursal”, la ve bailar el rey de Kapurthala y queda herido. De amor, el marajá, cayó rendido y le ofreció su reino sin dudar.
En un principio, Anita, lo desdeña; mas al final, la bella le da el sí. No es un cuento de hadas que se sueña…
es la pura verdad que cuento aquí. La historia de esta guapa malagueña que llegó a ser la gran Maharaní.