lunes, 16 de abril de 2018

Cadena de Sonetos de Parejas

Grupo "Malditos Bastardos"



Soneto uno
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Te digo, "maridito", que nos toca
ponernos, de una vez, a hacer limpieza.
No escupas improperios por la boca
ni finjas más dolores de cabeza.
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Agarra la fregona y el cepillo,
hay mierda hasta en el agua de los gatos,
y doma las pelusas del pasillo,
que se han hecho una cama en tus zapatos.
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El baño necesita un plan urgente
con un buen estropajo y detergente,
pues solo lo usaré cuando lo hagas.
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Y deja de pulir los ventanales,
les sacas solo brillo a los cristales...
¿No ves que la vecina está sin bragas?
 .


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Soneto dos
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¿No ves que la vecina está sin bragas
y me tiene bastante distraído?
Si quieres busca ayuda, y luego pagas,
que yo ya estoy cansado y aburrido.
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Me la paso limpiando día y noche
pero nunca he logrado complacerte,
no recibo de ti sino el reproche
que me hace rabiar de solo verte.
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Que el baño está cochino, ve a limpiarlo,
que hay que fregar los trastes de la cena
y he visto telarañas en el techo.
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Yo ya no limpio más, voy a gritarlo,
no importa que me montes una escena
y niegues tus favores sobre el lecho.
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Luis Salvador Trinidad

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Soneto tres
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Te niego mis favores sobre el lecho,
pues eso a lo que tú llamas “favores”
requiere una pasión que inunde el pecho
y tú despiertas solo mis horrores.
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Si limpias un espejo de la casa,
tal vez podrás mirarte fijamente
y ver la imagen de alguien que fracasa
en todo lo que intenta últimamente.
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Allí tienes la puerta de salida;
los dos sabemos que esto ya no es vida.
No aguanto más reproches ni más broncas.
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Y no olvides llevarte la basura,
hay tanta que te gana ya en altura.
Que te soporte otra mientras roncas.
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Soneto cuatro
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¿Que te soporte otra mientras roncas,
te atreves a decir, mujer maldita?
Sabiendo lo que sé, hermafrodita,
te aguanté, cual imbécil, ¿y me abroncas?
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Me parte tu maldad y me destroncas,
tan única te crees, cosmopolita,
que ya me pedirás la cucharita,
te habrás de conformar con las toloncas.
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Quizás ellas te den lo que mereces
pariendo palomitas de maíz
con esas celulíticas caderas.
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Qué injusta es esta vida muchas veces,
te casas para ser un infelíz
sufriendo como preso en las galeras.
 .

Carlos Corredor Cámara

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Soneto cinco
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¿Mas sufres como preso en las galeras?...
¡Mal rayo te fulmine cabezón!,
que quede tu esqueleto en un rincón
tan negro como pútridas maderas.
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Tus palabras traspasan mis fronteras,
para eso sí que tienes un gran don,
enorme, cual ronquido de dragón.
¿Te atreves a insultar a mis caderas?...
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Que sepas que las tengo sinuosas,
cadentes y redondas, ¡So bastardo!
Y debajo unas piernas de mareo,
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Tu no puedes decir las mismas cosas,
eres retrato fiel de un oso pardo.
¡Haz tú las palomitas, fariseo!
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Soneto seis


¿Haz tú las palomitas, fariseo?
Anda, tonta, dejemos los insultos
que a los dos nos estorban tripa y bultos,
pero ya va tocándole al deseo.
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Así que, corazón, llega el aleo,
fundir nuestros tesoros tan ocultos
actuando unos minutos como adultos
aunque luego volvamos al puteo.
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Entre col y col, coño, una lechuga,
que, si no, no hay cojones quién te aguante,
deja ya que este macho man se exhiba,
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cuando toque el trabajo, se apechuga,
¡yo te haré palomitas, so elefante!,
¡pero pon ya las piernas para arriba!


Juan Risueño Lorente

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Soneto siete
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"Pero ya pon las piernas para arriba,
hazlo pronto, mi amor, que no me aguanto
-me decías anoche y, mientras tanto,
observé que el " impulso " se te iba-;
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no comprendo por qué se me derriba,
ya verás como ahora la levanto;
si me entregas un poco de tu encanto
lograré que el temor se desinhiba".
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No hubo nada, no quiso despertar;
ni masaje ni mimos; con la boca,
conseguir reanimarlo no logré.
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Quedaste lamentando tu pesar,
pero yo, como estúpida yudoca,
con las patas arriba me quedé.
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Claudia Beatriz

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Soneto ocho
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"Con las patas arriba me quedé".
¡Vaya un gato! sin uñas y sin dientes,
van de entierro vecinos y parientes,
del tejado cayó, a lo que se ve.
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El maullido ha quedado en un traspié
y en las ramas colgados los pendientes,
compungidos, llorosos y silentes,
otros toman galletas con el té.
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Me perdone si pido la licencia
para no levantarme, estoy cansado,
de marchar por las calles del mercado,
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me despida con garbo su excelencia
y disculpe si yo sigo acostado,
las gracias le daré por su paciencia.
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Enrique Sabaté

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Soneto nueve
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“¿Las gracias me darás por mi paciencia?”
Vaya morro que tienes, “maridazo”,
¿acaso te avergüenza el gatillazo
que desencadenó tu incontinencia?
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No me vengas ahora con la urgencia
de quererlo arreglar y molar mazo,
porque eres tan zopenco, tan pelmazo
que mereces un plus de indiferencia.
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Levántate del catre de una vez
y ponte a trabajar en la cocina.
Tu pereza es atávica, ¡pardiez!
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Y deja de mirar a la vecina,
que no podrá curarte la sandez
que cualquiera, de lejos, te adivina.
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Soneto diez
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“Que cualquiera de lejos te adivina”.
Hay mucho que decir, yo aquí me pienso,
tal vez puedas creer que soy un censo
y tenga sin embargo pie de encina.
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Dureza en la madera para pina
y en cuanto a derechura ser propenso;
y me acompaña un tronco que es inmenso,
tanto, que un fuerte viento no lo inclina.
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La vecina me tiene sin cuidado,
eres tú, por la cual siempre a tu lado
bebiendo de tu fuente yo estaría.
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En mis sueños tu caño me exaspera
cuando veo correr esa reguera
que a tus cumbres las baña noche y día.
.

.Manuel Mejía Sánchez-cambronero

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Soneto once
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Que a tus cumbres las baña noche y día
fue la frase de amor que me dijiste,
un disfraz que guardaba cobardía,
aunque quiero creer que me quisiste.
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Sería siempre reina en el hogar,
me darías la luna y las estrellas...
no pensé que el sufrir iba a la par,
ni en lavar tus calzones ni tus huellas.
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Tirado en el sillón toda la tarde
rascándote el ombligo y la cabeza.
¡Ponte a fregar, inútil, los rincones!
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Estoy harta de ti, mi humor ya arde;
por lo menos asea bien tu pieza.
¿Será que son así por ser varones?
 .

Diana Santiago

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Soneto doce
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¿Será que son así por ser varones?
¿es esa tu flamante conclusión?
encendamos mejor nuestras pasiones,
y entrégame mujer tu corazón.
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Conquístame mejor con ese encanto
que tienes por debajo de la falda,
cambiemos en orgasmos nuestro llanto,
y encájame tus uñas en mi espalda.
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No obstante si te gustan las peleas,
luchemos en la cama del deseo,
allí tu gemirás hasta que veas
que tienes en tu cárcel a este reo.
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En la cama se aplacan las conciencias,
y se arreglan mejor las diferencias.
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Soneto trece
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Y se arreglan mejor las diferencias
tú bien lejos, con tu hábito asqueroso...
vete pues, y consuma tus carencias
con las putas que gozan de tu acoso.
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Ya no deseo oír de tus argucias
y tus tibias palabras seductoras
que desatan mi cólera , y ensucias
la albura de mis manos redentoras…
.
No te quiero a la noche aquí a mi lado
con tus manos oliendo a absenta y humo;
ni tu instinto de bestia, enajenado…
vete a dormir, que en penas me consumo!
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Y recuerda, al salir cierra la puerta,
pues tu presencia abruma y desconcierta...
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Soneto catorce
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Pues tu presencia abruma y desconcierta
impúdico truhán que desahogas
en bacanales cuanta inopia oferta
te ofrece el desatino en el que bogas
.

por mares de licor, tabaco y yerta
razón, con la que cómico interrogas
tu estatus de Don Juan, (esa desierta
y obtusa condición) con que prorrogas
.

tu apócrifa postura ante la vida.
Así que vete ya..., me tienes harta
y sin hallar consuelo a tanta herida.
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No vuelvas a mi vera, y ni una carta
te atrevas a escribirme. Ve, y descuida,
que ya hallará tu mal quien lo comparta.
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Carlos Hernández

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Soneto quince

El panal de la ternura
.
Que ya hallará tu mal quien lo comparta,
me gritas desde el fondo de tus celos,
ocultando tu furia tras los velos
de un victimismo gris que me reharta
.
Me voy, que de tu juego ya estoy harta,
dejando tus miserias por los suelos,
con el amanecer de mis desvelos
allí, donde el amor no se coharta.
.
Si de verdad me amaste un solo instante,
déjame despertar a un nuevo día
y no finjas tu llanto de amargura.
.
Y déjame partir cual ciego amante
cubierta con mi gris melancolía
en busca del panal de la ternura.
.
Mari Carmen Rodríguez Camargo

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Soneto dieciseis
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En busca del panal de la ternura
he morado en los claustros de la umbría,
donde reinan las sombras todo el día
y del alba al ocaso es noche oscura.
.

He implorado al chamán de la herradura
que la luna ilumine tu poesía,
y se borren del alma, amiga mía,
las heridas que el tiempo no sutura.
.

Aunque un lluvioso día te enamores,
se hará en tu corazón la primavera
y anidarán en él los ruiseñores;
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como un río de luz en torrentera
te calará el aroma de las flores,
como cala el amor por vez primera.
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Soneto diecisiete
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Como cala el amor por vez primera,
con esa lluvia fúlgida y dorada…,
como se abre la rosa a la alborada
quisiera que el amor me renaciera.
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Mas este corazón ya nada espera,
puesto que la ilusión quedó agostada
al negarle a mi sed, enamorada,
el manantial que antaño te fluyera.
.

Si ya no soy la llama de tu lumbre,
ni la flor ni la estrella de tu anhelo;
déjame que yo sola me acostumbre
.

a andar por este mar del desconsuelo…
Puede que en la negrura se vislumbre
un resquicio de luz en otro cielo. 
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Soneto dieciocho
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Un resquicio de luz en otro cielo
con pinceles dorados de dulzura...
¿verdadera es acaso tal negrura?
¿nos depara el destino triste duelo?
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Acusar lleva siempre al desconsuelo
hasta el filo brutal de la amargura,
como salas la llaga en su abertura,
como hieres mi ser con tu escalpelo...
.

¿Acaso no recuerdas -te lo ruego-
aquel beso primero en nuestros labios?
¿acaso no encendimos aquel fuego
.

con ansias de entregarnos sin sosiego?
¿por qué no siendo necios seamos sabios
volviendo a nuestro amor y a nuestro apego?
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Soneto diecinueve
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¿Volviendo a nuestro amor y nuestro apego?,
¡ni loca, me recuerdas al demonio!,
diez años de un maldito matrimonio
no dejan más opción que un "hasta luego".
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Jugaste a ser "machito", yo, me niego,
me sube la tensión y me endemonio.
¡Ya sé donde gastaste el patrimonio,
borracho, jugador y mujeriego!
.

Anda y ve que te lave los calzones
la "guay", la que se come los mariscos,
a ver si tanto amor como te tiene,
.

cuando se acaben "pasta" y atenciones
y amanezcas con vientos levantiscos,
a mirarte al careto se detiene.
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Verso Prisionero

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Soneto veinte
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A mirarte al careto se detiene
ese impulso que tengo todo el día
de beber de tu boca seca y fría
y un mal trago al estómago me viene.
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Se le quitan las ganas a mi pene
cuando veo esa carne que fue mía,
y comienzo a añorar mi soltería.
Soy borracho, que nadie me condene,
.

pues sufro la condena del casado.
Porque tus rosas huelen a difunto,
¡me censuras por ser un mujeriego!.
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Te borré de mi vida y del listado,
muy cansado me tienes, y pregunto,
¿por qué a tu boca se le apago el fuego?
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Soneto veintiuno
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"¿Por qué a tu boca se le apagó el fuego?"
-me preguntas- ¡Maldito renacuajo!
Tú que hueles a etílico y a ajo
y andas en cuatro patas, cual borrego.
.

De tus fluidos secos, yo reniego,
pues de nada te sirve el triste cuajo,
si siempre se mantiene cabizbajo
y no tiene, de antaño, el mismo fuego.
.

Mi rosa tiene olor a frescas rosas;
es tu naso el que está tan atorado,
con mugre, con partículas grasosas..
.

¡Vete, Ya, con mujeres "hacendosas"!
¡Yo me iré a buscar a mi abogado,
pues de mí, viejo flaco, te desposas!
 .

Isa Terezano

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Soneto Veintidós
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Pues de mí, vieja ruin, te desesposas,
llegado debe ser el gran momento
de, al fin, poder decirte lo que siento
a ver si así comprendes cuatro cosas.
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Me voy, no con mujeres hacendosas,
como dices. Me voy a tomar viento:
Más limpio, a ser posible, que tu aliento.
Más libre que tu angustia y tus esposas.
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Ese fuego que un día conociste
y pareces hoy día echar de menos
no se ha apagado solo, porque sí.
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Se apagó, linda flor, porque pusiste
bromuro, por paliar mis desenfrenos,
en mi sopa, capullo de alhelí.
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Soneto veintitrés


En mi sopa, capullo de alhelí,
hay más calor que en tus odiosos brazos,
pues del amor no quedan ni retazos
y solamente el frío mora aquí.
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¿Dónde marchó aquel hombre del que fui
cautiva entre sagrados verdes lazos?
¿Cuándo partió el cariño, y los rechazos
mataron la alegría en qué viví?
.

¿Por qué, mi amor, por qué surgió la duda
si fuimos uno solo, tú mi sombra,
y yo un brazo de mar sobre tu orilla?
.

Ahora, sin tu amor, estoy desnuda,
pero a ti ni te importa ni te asombra
la lágrima que surca mi mejilla.
.


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Soneto veinticuatro
,

La lágrima que surca mi mejilla
yo también la sufrí sin que lo veas,
que mejor la derramo en la buhardilla.
De ti no hay comprensión, solo cabreas.
.

Despierto con el sol de la mañana
y solo me motiva mi familia,
traer lo necesario a la semana,
o viviremos siempre en la vigilia.
.

No soy tu general, ni soy tu niño,
ni te ordeno, ni acato tus maneras.
En tranquilidad quiero estar contigo.
.

Solo pido respeto y tu cariño,
en la casa te ayudo cuando quieras,
soy tu esposo mujer, no tu enemigo.
.

Alex Smith

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Soneto veinticinco
.

“Soy tu esposo, mujer, no tu enemigo”
-dices- amurallando la ternura
y bordeando el dintel de mi figura
hasta cortar mi aliento con tu abrigo.
.
Sé que con mis demandas te atosigo
y que tus alas buscan nueva altura;
si amarme es negociar con la locura,
aquí en mis pechos busca tu castigo.
.
No hay beso prolongado hasta lo eterno,
hasta el más bello gesto luego agota...
¿Quién puede retener la primavera?
.
No llevas tú el timón ni yo gobierno,
bebamos del amor gota tras gota
antes que el tiempo anegue nuestra hoguera.
.
Mardy Mesén Rodríguez

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Soneto veintiséis 
.

"Antes que el tiempo anegue nuestra hoguera"...
¿no ves que todavía en él me anego,
buscando tu calor, mirando ciego,
doliendo sima en lo que fue cimera?
.

Después de tanto amor, de tanto apego,
de tanta llama incólume, quién fuera
a inferir un final de esta manera,
mirando triste la vejez del fuego...
.

Está la noche a nuestra luz venciendo,
démonos tregua del insulto. Un toldo,
por que este tiempo no lo apague, hagamos.
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Venzamos con silencio tanto estruendo,
recordando a la luz de este rescoldo
que, felices, un día, nos amamos...
.

Roberto Francisco Almeyda Rospigliosi

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Soneto veintisiete
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"Que, felices, un día nos amamos... "
Si me voy a esos tiempos, la sonrisa
se me adhiere a los labios. Tanta prisa,
la rutina y la rabia son los amos
.
que nos atan, cariño. Pero, ¡vamos!,
aunque no podré nunca ser sumisa,
soy la misma con voz de pitonisa
que una vez te encantó. Si nos miramos
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como niños, capaces del asombro,
que se olvidan de ofensas y, en su juego,
convierten lo pasado en carcajadas,
.
puede ser que de todo nuestro escombro
armemos otra torre que, sin ego,
devuelva la ternura a las miradas.
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Soneto veintiocho
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¿Devuelva la ternura a las miradas?,
me dices, emplazándome a la gloria.
Soy bizco, te lo sabes de memoria,
y el héroe de las testas coronadas
.

que siempre ha sucumbido a tus llamadas
y atiende a tus caricias con euforia.
En cuanto a compartir, otra es la historia.
Los hombres, lujuriosos, en manadas,
.

acuden como locos a tu lado,
lo entiendo, tu belleza incomparable
es mucho para el simple aficionado,
.

y, acaso, me resulte detestable
fingir, como un pimpollo ilusionado,
que no soy un felpudo miserable.
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Soneto veintinueve 
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!Qué no soy tu felpudo miserable
ni soy tu marioneta, so demente!
Conmigo todo es claro, diferente,
no busco tu limosna lamentable.
.

Si quieres que me sienta yo culpable
del circo que has montado de repente
tendrás que ser cabal y consecuente
y no un niño pequeño irresponsable.
.

A mí no me provoques, ten cuidado,
no juegues con mi lado más sensible
ni quieras gobernar mi corazón.
.

Tu sabes que te quiero demasiado,
mi amor es un amor irrepetible.
!Ya quítate la venda, cabezón!
.


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