y el sempiterno devenir de las olas. Inconmensurable resaca, en las entrañas, que alejan los ensueños. Dejándome, tan sólo, cabellos mortecinos de sirenas
Buscarte por el aire que respiro. Buscarte entre las sombras de mi lecho. Buscarte en mi raíz, mientras deliro. Buscarte en lo más hondo de mi pecho. Buscarte, amor, porque sin ti yo expiro. Buscarte en mi revés y en mi derecho. Buscarte porque añoro tu presencia y mi amor se acrecienta con la ausencia.
En este último día de Diciembre no tendré tu presencia junto a mí... pero, sí, tu recuerdo estará siempre.
Y cuando den las doce campanadas y comience el renglón de un nuevo año, -seré fiel a la cita pactada de antemano- correré hacia el balcón y brindaré por él, por ti y por mí.
Levantando mi copa al infinito invitaré a beber a las estrellas y gritaré: te quiero, una y mil veces.
Huirán soledades y morirá la ausencia al tener la certeza de que tu corazón está conmigo.