viernes, 27 de abril de 2018

¿Existimos acaso? Corona Nº 1 (Sonetos Alejandrinos)



Grupo: Malditos Bastardos

¿Existimos acaso?
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Soneto madre

¿Qué le pides al mundo? ¿Qué te exige la vida?,
¿Tiene acaso importancia nuestro aliento fingido?
¿Qué energía te otorga la virtud erigida
sobre vanas palabras en un tiempo perdido?
.
¿Qué sentido poseen, tanto el alma y la mente,
para el diáfano caos de la ignota existencia?
¿Somos locos pensantes en un cosmos demente?
¿Qué venturas ofrece la molesta conciencia?
.
¿Quién gobierna el futuro si no existe el pasado?
¿Son los ínclitos dioses el destino tajante?
¿Somos sólo el presente de una historia cantada?
.
¿Qué produce el amor? ¿Qué supone el pecado?
¿Qué te ofrece la droga? ¿Cuánto vale un diamante?
¿Es, quizá, nuestra muerte el silencio en la nada?
.
Marcos Circenses 
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I
¿Qué le pides al mundo? ¿Qué te exige la vida?
¿Qué te silba el instinto cuando prende una llama
y se chamusca todo y se pudre la herida
y se apodera el fuego de tu impúdico drama ?
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¿Qué dolores mitigas?, ¿a cuáles haces frente
cuando sangra por dentro el temblor del hermano?
¿Qué deseos perturban tu afán concupiscente
mientras cruzan las balas del siguiente villano?
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En el vientre materno, percibimos rumores
impregnados de arpegios, y llegamos al mundo
con las manos vacías aspirando el sentido
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de ese intrépido abismo que nos mata de amores.
Pero todo es un sueño que se esfuma al segundo.
¿Tiene acaso importancia nuestro aliento fingido?

. Teresa Fernandez
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II
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¿Tiene acaso importancia nuestro aliento fingido,
cuando nada en el mundo te alienta a proseguir?
Si el fingimiento puede borrar el sinsentido,
tal vez no me importara el dejar de fingir.
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Pero, ¿cómo lo hacemos? ¿cómo obviar lo palpable?
La vida es el azar que conlleva la guerra,
y nos va encaminando hacia lo inevitable,
hasta cerrar el círculo en que el vivir se encierra.
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¿De qué sirve ocultar tantas cavilaciones,
si el hombre se debate entre el ser o no ser
de la duda perenne, sin hallar la salida?
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Si divaga la mente, y no encuentra razones…,
quisiéramos ser dioses, para intentar saber
qué energía te otorga la virtud erigida.
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Carmen Aguirre  
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III
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¿Qué energía te otorga la virtud erigida
si la virtud en sí es poco valorada?
Si crees tener todo, es mala esa jugada
pues sólo ganarás tu eterna despedida.
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¿Dime por qué el amor a veces se te olvida?
¿Por qué, la que te espera, por ti no es visitada?
En ello no hay virtud. ¿Tu fuerza está cansada?
Medítalo, si hay tiempo, antes de tu caída.
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El verbo que predicas no tiene predicado,
de boca para afuera no servirá de escudo
porque tu amor, bien sabes, jamás tuvo sentido.
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Ni cuenta te darás cuando te hayas marchado
y al final del ocaso meditarás desnudo
sobre vanas palabras en un tiempo perdido.
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Amelia Blanchard
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IV
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Sobre vanas palabras en un tiempo perdido,
dos cuerpos, frente a frente, esconden la tristeza,
agrietando, el silencio del alba, su latido,
bajo la eterna siembra de la oscura pobreza.
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Empapado de angustia, con el llanto rendido
por la propia exigencia de un mundo sin nobleza,
con el último aliento, forjaré lo prohibido,
dando luz a mi vida en toda su pureza.
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Doliente desamparo en mis horas de duelo.
Una luz en mi pecho anuncia el nuevo día
y se alzará mi voz en llamas lentamente
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libre de toda traba como la nieve, el hielo,
repudiando al titán de mi dulce agonía.
¿Qué sentido poseen, tanto el alma y la mente?.
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Manolo Gimeno Cervera
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V
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¿Qué sentido poseen, tanto el alma y la mente
como el odio, la rabia, el amor y el deseo?
¿Dónde queda aquel verbo que se guarda silente
y que muerde en el gesto de un fugaz parpadeo?
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¿Qué importancia tendrán la alegría, el delirio
de una piel que nos quema, un segundo de gloria
cuando son muchos más de dolor y martirio
en una eternidad que es, quizá, nuestra historia?
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¿Hay un orden que oriente de la vida su norte
y nos ponga en la ruta un montón de señales
y disfute retar nuestra torpe inocencia?
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¿O vivimos perdidos sin motivo que importe
entre miles de puntos diferentes e iguales
para el diáfano caos de la ignota existencia?
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Helena Restrepo
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VI
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Para el diáfano caos de la ignota existencia,
busqué respuestas entre confusas direcciones
intentando tener señales de tu esencia,
mas sucumbí a la bruma de credos y opiniones.

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¿Será que somos mentes de luz y de violencia?,
¿quizás, el borrador de un cuento, al que te opones,
llevados por la ira de esa fatal creencia?
¡Qué en mis oscuros sueños, tu voz y alma me dones!

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No quiero ser enigma que resulte perverso,
me quedaré desnudo y empezaré a vivir,
levitando entre nubes, pecaminosamente,

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sin cadenas, sin penas, quedando siempre inmerso
en un cielo sin Dios, para sobrevivir,
¿somos locos pensantes en un cosmos demente?
.
Diana Santiago
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VII
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Somos locos pensantes en un cosmos demente,
egocéntricos seres, la letal marabunta
que, anegada de orgullo y de filtros carente,
ni a la tierra protege ni a los hados pregunta.
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La patética sombra de una estrella distante,
una mota de polvo en el denso vacío,
la minúscula huella, tan insignificante
como breve el instante del fugaz albedrío.
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Sin embargo, vivimos coronados de ego
y elegimos la sangre y el puñal y la espada
por seguir directrices de una absurda querencia.
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Pues quien osa romper una regla del juego
se somete a los juicios de la fiera manada.
¿Qué venturas ofrece la molesta conciencia?
.
Mar Garcia
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VIII

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¿Qué venturas ofrece la molesta conciencia,
si sabemos que Dios es solo una invención?
Sin Supremo Hacedor, ni su absurda presencia,
desaparece 'El Juicio', condena o salvación.
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¿A qué se debe entonces esa necesidad
de tenerla serena, sosegada y tranquila?
Arrincónala a un lado, siente la libertad
de saltarte las leyes cuando nadie vigila.
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Te aconsejo que nunca te atormente el recuerdo,
aunque el mundo lo llame desvergüenza y cinismo
que la mala conciencia no dura demasiado.

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El destino es quimera, tú presérvate cuerdo,
todo lo acontecido es un mero espejismo.
¿Quién gobierna el futuro si no existe el pasado?
.
Rufino Garcia Alvarez
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IX
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¿Quién gobierna el futuro si no existe el pasado?
Qué importa lo que el tiempo ha escrito en mi memoria
si, tal vez, el presente ya esté predestinado
o decida el azar tu fracaso o victoria.
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Transito por el vértigo de la invisible meta
-que a veces me conduce al borde del abismo-,
y dudo si es el viento quien guía la veleta,
o soy yo quien decido mis pasos por mi mismo.
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Ignoro qué timón gobierna mi universo
y qué estrella ilumina mi errante caminar
hacia el azul edén o al infierno de Dante.
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Quién sabe qué escribano da forma con su verso
a la insondable senda que habré de transitar...
¿Son los ínclitos dioses el destino tajante?

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Azarías DLeyre
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X
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¿Son los ínclitos dioses el destino tajante
para el hombre que espera de la muerte el descanso
en la ciénaga dulce de la nada triunfante
o tan sólo exabrupto dicho a boca de ganso?
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Preguntad a la infancia por un tiempo infinito,
al mendigo que implora con un hambre creciente,
al idiota pedidle que se torne erudito,
a quien duerme entre plumas, un deseo corriente.

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Perseguidos por aire en la estrella de oro,
entelequia imprecisa de un silencio sonoro.
De una extraña creatura la existencia soñada,
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un ciclón explosivo que en el sueño se quiebra
y en las voces del bardo y en el hilo que enhebra
somos sólo el presente de un historia cantada.
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Enrique Sabaté
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XI
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¿Somos sólo el presente de una historia cantada?
¿Tenemos el empuje que a diario precisamos?
¿Vemos de gran altura lo que desarrollamos,
o puede parecernos la idea desnortada?
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¿Lo que estamos haciendo, nos gusta ya de entrada,
o quizá en la andadura satisfechos no estamos?
¿Tenemos las agallas dónde nos las notamos?
¿Porque entonces, si así es, la empresa va sobrada?
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¿Si viento en popa parte la nave hacia buen puerto?
¿Será que ya en origen se divisaba abierto
el camino a seguir en un mar despejado?
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¿Qué travesía llana? ¿Qué ruta preferida?
¿Con qué carta de todas, ganarás la partida?
¿Qué supone el amor? ¿Qué supone el pecado?
.
Manuel Mejía Sánchez-cambronero
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XII
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¿Qué produce el amor? ¿ Qué supone el pecado?
Es, tal vez, el amor la inocencia suprema,
esa chispa que enciende el deseo apagado
e ilumina de risas la ecuación de un problema.
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¿ Cuánto tarda el pecado en quemar la cordura
de una vida tranquila sin maldad ni rencores?
Un instante, un momento, una eterna andadura
de mentiras y aciertos, de infinitos temores.
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El amor, el pecado, esas fuertes premisas
que mantienen en vilo nuestras almas humanas
e ignoran el “porqué” de una duda constante,
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que no encuentra respuesta en un mundo de prisas
ni en preguntas concretas, hostiles y mundanas,
¿que te ofrece la droga? ¿cuanto vale un diamante?
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Tere Bas
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XIII
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¿Qué te ofrece la droga? ¿Cuánto vale un diamante?
¿A qué apuestas tu vida? ¿ Dónde está tu destino?
Todo es un gran misterio, enorme interrogante
que nace en la cordura y se apaga en el vino.
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Encuentra la miseria su punto culminante
cuando el mundo te ofrece su sitial más mezquino,
y se crece en sí misma como dama importante,
y te ofrece el reinado de su reino cochino.
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Y, en un vacío inmenso, la soledad se arrima,
y cesa la existencia sin haber comenzado,
cual víctima inocente de una fosa anunciada.
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Y se apaga el aliento cuando muere la estima,
quedando solo un cuerpo abatido y cansado.
¿Es, quizá, nuestra muerte el silencio en la nada?
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Luis Salvador Trinidad
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XIV
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¿Es, quizá, nuestra muerte el silencio en la nada?,
¿resistir bajo el cielo nos merece la pena?,
¿quién dirá que existimos en la antigua alborada
cuando somos la sombra de una gota en la arena?
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¿Es que el alma se eleva del falsario reposo?,
¿puede ser que alberguemos un espíritu eterno
más allá del latido que se pudre en el foso
y se escape de golpe del auténtico infierno?
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¿Es aquí donde azota la fatal pesadumbre?,
¿es, tal vez, la caldera del fogón de la lumbre
donde el ánima sufre la siguiente mordida?
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Esta duda inquietante se desarma en opciones
mientras vuelve la mente con las mismas cuestiones:
¿qué le pides al mundo?, ¿qué te exige la vida?
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María Rosales Palencia  
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lunes, 16 de abril de 2018

Cadena de Sonetos de Parejas

Grupo "Malditos Bastardos"



Soneto uno
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Te digo, "maridito", que nos toca
ponernos, de una vez, a hacer limpieza.
No escupas improperios por la boca
ni finjas más dolores de cabeza.
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Agarra la fregona y el cepillo,
hay mierda hasta en el agua de los gatos,
y doma las pelusas del pasillo,
que se han hecho una cama en tus zapatos.
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El baño necesita un plan urgente
con un buen estropajo y detergente,
pues solo lo usaré cuando lo hagas.
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Y deja de pulir los ventanales,
les sacas solo brillo a los cristales...
¿No ves que la vecina está sin bragas?
 .


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Soneto dos
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¿No ves que la vecina está sin bragas
y me tiene bastante distraído?
Si quieres busca ayuda, y luego pagas,
que yo ya estoy cansado y aburrido.
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Me la paso limpiando día y noche
pero nunca he logrado complacerte,
no recibo de ti sino el reproche
que me hace rabiar de solo verte.
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Que el baño está cochino, ve a limpiarlo,
que hay que fregar los trastes de la cena
y he visto telarañas en el techo.
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Yo ya no limpio más, voy a gritarlo,
no importa que me montes una escena
y niegues tus favores sobre el lecho.
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Luis Salvador Trinidad

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Soneto tres
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Te niego mis favores sobre el lecho,
pues eso a lo que tú llamas “favores”
requiere una pasión que inunde el pecho
y tú despiertas solo mis horrores.
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Si limpias un espejo de la casa,
tal vez podrás mirarte fijamente
y ver la imagen de alguien que fracasa
en todo lo que intenta últimamente.
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Allí tienes la puerta de salida;
los dos sabemos que esto ya no es vida.
No aguanto más reproches ni más broncas.
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Y no olvides llevarte la basura,
hay tanta que te gana ya en altura.
Que te soporte otra mientras roncas.
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Soneto cuatro
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¿Que te soporte otra mientras roncas,
te atreves a decir, mujer maldita?
Sabiendo lo que sé, hermafrodita,
te aguanté, cual imbécil, ¿y me abroncas?
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Me parte tu maldad y me destroncas,
tan única te crees, cosmopolita,
que ya me pedirás la cucharita,
te habrás de conformar con las toloncas.
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Quizás ellas te den lo que mereces
pariendo palomitas de maíz
con esas celulíticas caderas.
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Qué injusta es esta vida muchas veces,
te casas para ser un infelíz
sufriendo como preso en las galeras.
 .

Carlos Corredor Cámara

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Soneto cinco
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¿Mas sufres como preso en las galeras?...
¡Mal rayo te fulmine cabezón!,
que quede tu esqueleto en un rincón
tan negro como pútridas maderas.
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Tus palabras traspasan mis fronteras,
para eso sí que tienes un gran don,
enorme, cual ronquido de dragón.
¿Te atreves a insultar a mis caderas?...
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Que sepas que las tengo sinuosas,
cadentes y redondas, ¡So bastardo!
Y debajo unas piernas de mareo,
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Tu no puedes decir las mismas cosas,
eres retrato fiel de un oso pardo.
¡Haz tú las palomitas, fariseo!
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Soneto seis


¿Haz tú las palomitas, fariseo?
Anda, tonta, dejemos los insultos
que a los dos nos estorban tripa y bultos,
pero ya va tocándole al deseo.
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Así que, corazón, llega el aleo,
fundir nuestros tesoros tan ocultos
actuando unos minutos como adultos
aunque luego volvamos al puteo.
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Entre col y col, coño, una lechuga,
que, si no, no hay cojones quién te aguante,
deja ya que este macho man se exhiba,
.

cuando toque el trabajo, se apechuga,
¡yo te haré palomitas, so elefante!,
¡pero pon ya las piernas para arriba!


Juan Risueño Lorente

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Soneto siete
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"Pero ya pon las piernas para arriba,
hazlo pronto, mi amor, que no me aguanto
-me decías anoche y, mientras tanto,
observé que el " impulso " se te iba-;
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no comprendo por qué se me derriba,
ya verás como ahora la levanto;
si me entregas un poco de tu encanto
lograré que el temor se desinhiba".
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No hubo nada, no quiso despertar;
ni masaje ni mimos; con la boca,
conseguir reanimarlo no logré.
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Quedaste lamentando tu pesar,
pero yo, como estúpida yudoca,
con las patas arriba me quedé.
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Claudia Beatriz

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Soneto ocho
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"Con las patas arriba me quedé".
¡Vaya un gato! sin uñas y sin dientes,
van de entierro vecinos y parientes,
del tejado cayó, a lo que se ve.
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El maullido ha quedado en un traspié
y en las ramas colgados los pendientes,
compungidos, llorosos y silentes,
otros toman galletas con el té.
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Me perdone si pido la licencia
para no levantarme, estoy cansado,
de marchar por las calles del mercado,
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me despida con garbo su excelencia
y disculpe si yo sigo acostado,
las gracias le daré por su paciencia.
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Enrique Sabaté

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Soneto nueve
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“¿Las gracias me darás por mi paciencia?”
Vaya morro que tienes, “maridazo”,
¿acaso te avergüenza el gatillazo
que desencadenó tu incontinencia?
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No me vengas ahora con la urgencia
de quererlo arreglar y molar mazo,
porque eres tan zopenco, tan pelmazo
que mereces un plus de indiferencia.
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Levántate del catre de una vez
y ponte a trabajar en la cocina.
Tu pereza es atávica, ¡pardiez!
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Y deja de mirar a la vecina,
que no podrá curarte la sandez
que cualquiera, de lejos, te adivina.
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Soneto diez
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“Que cualquiera de lejos te adivina”.
Hay mucho que decir, yo aquí me pienso,
tal vez puedas creer que soy un censo
y tenga sin embargo pie de encina.
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Dureza en la madera para pina
y en cuanto a derechura ser propenso;
y me acompaña un tronco que es inmenso,
tanto, que un fuerte viento no lo inclina.
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La vecina me tiene sin cuidado,
eres tú, por la cual siempre a tu lado
bebiendo de tu fuente yo estaría.
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En mis sueños tu caño me exaspera
cuando veo correr esa reguera
que a tus cumbres las baña noche y día.
.

.Manuel Mejía Sánchez-cambronero

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Soneto once
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Que a tus cumbres las baña noche y día
fue la frase de amor que me dijiste,
un disfraz que guardaba cobardía,
aunque quiero creer que me quisiste.
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Sería siempre reina en el hogar,
me darías la luna y las estrellas...
no pensé que el sufrir iba a la par,
ni en lavar tus calzones ni tus huellas.
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Tirado en el sillón toda la tarde
rascándote el ombligo y la cabeza.
¡Ponte a fregar, inútil, los rincones!
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Estoy harta de ti, mi humor ya arde;
por lo menos asea bien tu pieza.
¿Será que son así por ser varones?
 .

Diana Santiago

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Soneto doce
.

¿Será que son así por ser varones?
¿es esa tu flamante conclusión?
encendamos mejor nuestras pasiones,
y entrégame mujer tu corazón.
.
Conquístame mejor con ese encanto
que tienes por debajo de la falda,
cambiemos en orgasmos nuestro llanto,
y encájame tus uñas en mi espalda.
.
No obstante si te gustan las peleas,
luchemos en la cama del deseo,
allí tu gemirás hasta que veas
que tienes en tu cárcel a este reo.
.
En la cama se aplacan las conciencias,
y se arreglan mejor las diferencias.
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Soneto trece
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Y se arreglan mejor las diferencias
tú bien lejos, con tu hábito asqueroso...
vete pues, y consuma tus carencias
con las putas que gozan de tu acoso.
.

Ya no deseo oír de tus argucias
y tus tibias palabras seductoras
que desatan mi cólera , y ensucias
la albura de mis manos redentoras…
.
No te quiero a la noche aquí a mi lado
con tus manos oliendo a absenta y humo;
ni tu instinto de bestia, enajenado…
vete a dormir, que en penas me consumo!
.
Y recuerda, al salir cierra la puerta,
pues tu presencia abruma y desconcierta...
.


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Soneto catorce
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Pues tu presencia abruma y desconcierta
impúdico truhán que desahogas
en bacanales cuanta inopia oferta
te ofrece el desatino en el que bogas
.

por mares de licor, tabaco y yerta
razón, con la que cómico interrogas
tu estatus de Don Juan, (esa desierta
y obtusa condición) con que prorrogas
.

tu apócrifa postura ante la vida.
Así que vete ya..., me tienes harta
y sin hallar consuelo a tanta herida.
.

No vuelvas a mi vera, y ni una carta
te atrevas a escribirme. Ve, y descuida,
que ya hallará tu mal quien lo comparta.
.

Carlos Hernández

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Soneto quince

El panal de la ternura
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Que ya hallará tu mal quien lo comparta,
me gritas desde el fondo de tus celos,
ocultando tu furia tras los velos
de un victimismo gris que me reharta
.
Me voy, que de tu juego ya estoy harta,
dejando tus miserias por los suelos,
con el amanecer de mis desvelos
allí, donde el amor no se coharta.
.
Si de verdad me amaste un solo instante,
déjame despertar a un nuevo día
y no finjas tu llanto de amargura.
.
Y déjame partir cual ciego amante
cubierta con mi gris melancolía
en busca del panal de la ternura.
.
Mari Carmen Rodríguez Camargo

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Soneto dieciseis
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En busca del panal de la ternura
he morado en los claustros de la umbría,
donde reinan las sombras todo el día
y del alba al ocaso es noche oscura.
.

He implorado al chamán de la herradura
que la luna ilumine tu poesía,
y se borren del alma, amiga mía,
las heridas que el tiempo no sutura.
.

Aunque un lluvioso día te enamores,
se hará en tu corazón la primavera
y anidarán en él los ruiseñores;
.

como un río de luz en torrentera
te calará el aroma de las flores,
como cala el amor por vez primera.
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Soneto diecisiete
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Como cala el amor por vez primera,
con esa lluvia fúlgida y dorada…,
como se abre la rosa a la alborada
quisiera que el amor me renaciera.
.

Mas este corazón ya nada espera,
puesto que la ilusión quedó agostada
al negarle a mi sed, enamorada,
el manantial que antaño te fluyera.
.

Si ya no soy la llama de tu lumbre,
ni la flor ni la estrella de tu anhelo;
déjame que yo sola me acostumbre
.

a andar por este mar del desconsuelo…
Puede que en la negrura se vislumbre
un resquicio de luz en otro cielo. 
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Soneto dieciocho
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Un resquicio de luz en otro cielo
con pinceles dorados de dulzura...
¿verdadera es acaso tal negrura?
¿nos depara el destino triste duelo?
.

Acusar lleva siempre al desconsuelo
hasta el filo brutal de la amargura,
como salas la llaga en su abertura,
como hieres mi ser con tu escalpelo...
.

¿Acaso no recuerdas -te lo ruego-
aquel beso primero en nuestros labios?
¿acaso no encendimos aquel fuego
.

con ansias de entregarnos sin sosiego?
¿por qué no siendo necios seamos sabios
volviendo a nuestro amor y a nuestro apego?
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Soneto diecinueve
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¿Volviendo a nuestro amor y nuestro apego?,
¡ni loca, me recuerdas al demonio!,
diez años de un maldito matrimonio
no dejan más opción que un "hasta luego".
.

Jugaste a ser "machito", yo, me niego,
me sube la tensión y me endemonio.
¡Ya sé donde gastaste el patrimonio,
borracho, jugador y mujeriego!
.

Anda y ve que te lave los calzones
la "guay", la que se come los mariscos,
a ver si tanto amor como te tiene,
.

cuando se acaben "pasta" y atenciones
y amanezcas con vientos levantiscos,
a mirarte al careto se detiene.
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Verso Prisionero

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Soneto veinte
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A mirarte al careto se detiene
ese impulso que tengo todo el día
de beber de tu boca seca y fría
y un mal trago al estómago me viene.
.

Se le quitan las ganas a mi pene
cuando veo esa carne que fue mía,
y comienzo a añorar mi soltería.
Soy borracho, que nadie me condene,
.

pues sufro la condena del casado.
Porque tus rosas huelen a difunto,
¡me censuras por ser un mujeriego!.
.

Te borré de mi vida y del listado,
muy cansado me tienes, y pregunto,
¿por qué a tu boca se le apago el fuego?
.


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Soneto veintiuno
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"¿Por qué a tu boca se le apagó el fuego?"
-me preguntas- ¡Maldito renacuajo!
Tú que hueles a etílico y a ajo
y andas en cuatro patas, cual borrego.
.

De tus fluidos secos, yo reniego,
pues de nada te sirve el triste cuajo,
si siempre se mantiene cabizbajo
y no tiene, de antaño, el mismo fuego.
.

Mi rosa tiene olor a frescas rosas;
es tu naso el que está tan atorado,
con mugre, con partículas grasosas..
.

¡Vete, Ya, con mujeres "hacendosas"!
¡Yo me iré a buscar a mi abogado,
pues de mí, viejo flaco, te desposas!
 .

Isa Terezano

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Soneto Veintidós
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Pues de mí, vieja ruin, te desesposas,
llegado debe ser el gran momento
de, al fin, poder decirte lo que siento
a ver si así comprendes cuatro cosas.
.

Me voy, no con mujeres hacendosas,
como dices. Me voy a tomar viento:
Más limpio, a ser posible, que tu aliento.
Más libre que tu angustia y tus esposas.
.

Ese fuego que un día conociste
y pareces hoy día echar de menos
no se ha apagado solo, porque sí.
.

Se apagó, linda flor, porque pusiste
bromuro, por paliar mis desenfrenos,
en mi sopa, capullo de alhelí.
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Soneto veintitrés


En mi sopa, capullo de alhelí,
hay más calor que en tus odiosos brazos,
pues del amor no quedan ni retazos
y solamente el frío mora aquí.
.

¿Dónde marchó aquel hombre del que fui
cautiva entre sagrados verdes lazos?
¿Cuándo partió el cariño, y los rechazos
mataron la alegría en qué viví?
.

¿Por qué, mi amor, por qué surgió la duda
si fuimos uno solo, tú mi sombra,
y yo un brazo de mar sobre tu orilla?
.

Ahora, sin tu amor, estoy desnuda,
pero a ti ni te importa ni te asombra
la lágrima que surca mi mejilla.
.


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Soneto veinticuatro
,

La lágrima que surca mi mejilla
yo también la sufrí sin que lo veas,
que mejor la derramo en la buhardilla.
De ti no hay comprensión, solo cabreas.
.

Despierto con el sol de la mañana
y solo me motiva mi familia,
traer lo necesario a la semana,
o viviremos siempre en la vigilia.
.

No soy tu general, ni soy tu niño,
ni te ordeno, ni acato tus maneras.
En tranquilidad quiero estar contigo.
.

Solo pido respeto y tu cariño,
en la casa te ayudo cuando quieras,
soy tu esposo mujer, no tu enemigo.
.

Alex Smith

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Soneto veinticinco
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“Soy tu esposo, mujer, no tu enemigo”
-dices- amurallando la ternura
y bordeando el dintel de mi figura
hasta cortar mi aliento con tu abrigo.
.
Sé que con mis demandas te atosigo
y que tus alas buscan nueva altura;
si amarme es negociar con la locura,
aquí en mis pechos busca tu castigo.
.
No hay beso prolongado hasta lo eterno,
hasta el más bello gesto luego agota...
¿Quién puede retener la primavera?
.
No llevas tú el timón ni yo gobierno,
bebamos del amor gota tras gota
antes que el tiempo anegue nuestra hoguera.
.
Mardy Mesén Rodríguez

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Soneto veintiséis 
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"Antes que el tiempo anegue nuestra hoguera"...
¿no ves que todavía en él me anego,
buscando tu calor, mirando ciego,
doliendo sima en lo que fue cimera?
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Después de tanto amor, de tanto apego,
de tanta llama incólume, quién fuera
a inferir un final de esta manera,
mirando triste la vejez del fuego...
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Está la noche a nuestra luz venciendo,
démonos tregua del insulto. Un toldo,
por que este tiempo no lo apague, hagamos.
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Venzamos con silencio tanto estruendo,
recordando a la luz de este rescoldo
que, felices, un día, nos amamos...
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Roberto Francisco Almeyda Rospigliosi

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Soneto veintisiete
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"Que, felices, un día nos amamos... "
Si me voy a esos tiempos, la sonrisa
se me adhiere a los labios. Tanta prisa,
la rutina y la rabia son los amos
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que nos atan, cariño. Pero, ¡vamos!,
aunque no podré nunca ser sumisa,
soy la misma con voz de pitonisa
que una vez te encantó. Si nos miramos
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como niños, capaces del asombro,
que se olvidan de ofensas y, en su juego,
convierten lo pasado en carcajadas,
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puede ser que de todo nuestro escombro
armemos otra torre que, sin ego,
devuelva la ternura a las miradas.
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Soneto veintiocho
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¿Devuelva la ternura a las miradas?,
me dices, emplazándome a la gloria.
Soy bizco, te lo sabes de memoria,
y el héroe de las testas coronadas
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que siempre ha sucumbido a tus llamadas
y atiende a tus caricias con euforia.
En cuanto a compartir, otra es la historia.
Los hombres, lujuriosos, en manadas,
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acuden como locos a tu lado,
lo entiendo, tu belleza incomparable
es mucho para el simple aficionado,
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y, acaso, me resulte detestable
fingir, como un pimpollo ilusionado,
que no soy un felpudo miserable.
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Soneto veintinueve 
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!Qué no soy tu felpudo miserable
ni soy tu marioneta, so demente!
Conmigo todo es claro, diferente,
no busco tu limosna lamentable.
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Si quieres que me sienta yo culpable
del circo que has montado de repente
tendrás que ser cabal y consecuente
y no un niño pequeño irresponsable.
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A mí no me provoques, ten cuidado,
no juegues con mi lado más sensible
ni quieras gobernar mi corazón.
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Tu sabes que te quiero demasiado,
mi amor es un amor irrepetible.
!Ya quítate la venda, cabezón!
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